Los consultores políticos y nuestra ética

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Una breve reflexión sobre la tarea de los consultores políticos y la ética con la cual ejercemos la profesión. Una discusión conmigo mismo sobre lo permitido y lo prohibido al momento de hacer comunicación y marketing político.

Toda mi vida me sentí atraído por la política. Siempre me llamó la atención la cosa pública y la lucha por el poder. Estoy convencido que la política es la mayor herramienta de transformación social. Desgraciadamente, como toda herramienta, más de uno la utiliza para fines cuestionables.

En mi juventud participé políticamente de forma activa y hace unos 6 años que elegí que mi ámbito de trabajo sería transversal a toda la política. Desde entonces, asesoro a políticos de diferentes partidos y lugares. En estos años, hice amistad y conocí consultores políticos de toda Iberoamérica. 

El trabajo de un consultor político se basa en ayudar a conectar las necesidades y anhelos de la ciudadanía con el accionar y la ideología de un político o un gobierno. Entendido de esta forma, se podría decir que somos una herramienta positiva para la democracia.

 

Pero volvamos a la reflexión de hoy… 

Acabo de terminar una nueva campaña y estoy bastante preocupado.

 

En estos meses de campaña, momento en que uno debería competir sanamente contra otros colegas, no pude dejar de sorprenderme… he visto nuestras miserias completamente expuestas.

¿Acaso las ansias de ganar, de acumular poder u honorarios, pueden hacer que valga cualquier cosa?

Soy un relativista que descree de la Verdad y considera que hay múltiples verdades. Entiendo que en una elección cada candidato se considera a sí mismo el mejor y entiende que sus objetivos son los más puros. Como dice Ricardo Darín en la fantástica La odisea de los Giles, si bien el mundo se divide en giles e hijos de puta, “El hijo de puta cuando se levanta y se mira al espejo no piensa que es un hijo de puta”

Sin dudas que cada consultor tiene sus razones para asesorar y objetivos que intentar cumplir. A pesar de ello, me pregunto si cualquier medio es válido y se me plantean varios dilemas.

(En este punto nadie espere leer detalles sobre hechos que son de público conocimiento. Mi intención no es exponer personas, sino reflexionar sobre nuestras prácticas).

¿Tenemos algo prohibido los consultores? ¿Se puede ganar una elección limpiamente? 

En principio, la respuesta depende de qué consideremos limpio o sucio. Al ser lo “limpio” una categoría meramente subjetiva, la respuesta pasa a depender de concepciones personales. De esta forma, lo que yo considero como un acto sucio, probablemente mi contrincante lo relativice. 

En este punto, cabe recordar la advertencia de Max Weber (1919) en La política como vocación: “quien se mete en política, es decir, quien accede a utilizar como medios el poder y la violencia, ha sellado un pacto con el diablo, de tal modo que ya no es cierto que en su actividad lo bueno solo produzca el bien y lo malo el mal, sino que frecuentemente sucede lo contrario. Quien no ve esto es un niño, políticamente hablando”. Por lo tanto, pareciera que un consultor no podría alegar desconocimiento del paño y que mi pecado fuera la inocencia.

No obstante, el mundo cambió drásticamente en el último siglo, y la cita de Weber que ya cumplió 100 años, queda completamente fuera de lugar. En primer lugar, el gran avance del estado de derecho y la legislación electoral pasó a regular en gran medida las formas que deben guardarse en una democracia. De esta forma, hay medios legales e ilegales para hacer campañas políticas. En segundo lugar, códigos de ética profesional como el de la Asociación Latinoamericana de Consultores Políticos (ALACOP) desaprueban contundentemente algunas de las acciones llevadas adelante por los colegas.

Entonces, ¿Hay prohibición o reproche moral?

Retomando la respuesta a los dilemas planteados, los consultores tenemos algunas cosas prohibidas y otras desaconsejadas. Un consultor no puede violar disposiciones legales y tampoco debería realizar ciertas acciones contrarias a un código de ética en el desarrollo de la profesión. El problema radica en que la nuestra no es una profesión colegiada y por ende no existe una organización que pueda establecer pautas de trabajo claras y sancionar el incumplimiento de las mismas, pasando a ser el reproche principalmente moral. Indudablemente, si hubiera un tribunal de disciplina, algunos colegas quedarían inhabilitados para ejercer su profesión.

La pregunta sobre la posibilidad de ganar una elección limpiamente ya había sido genialmente formulada por Jean Paul Sartre (1948) en Las manos sucias, obra de teatro en la cual el líder comunista Hoederer sentencia: “¡Cómo te aferras a la pureza, muchacho! ¡Que miedo tienes de ensuciarte las manos! (…) Yo tengo las manos sucias, hasta los codos. Las he hundido en la mierda y en la sangre. ¿Y qué? ¿Acaso crees que se puede gobernar limpiamente?

Personalmente, estoy convencido que sí; aunque cabe reconocer que la competencia se vuelve desleal y las posibilidades son menores. ¿Pero qué importa? nadie debería saborear una victoria por la cual tuvo que arriar las banderas y tomar atajos. Ojalá algún día, los propios votantes condenen a los políticos y consultores que recurren a estas prácticas; ese día sin dudas vamos a ser una sociedad mejor.

No creo que ningún fin político justifique los medios para alcanzarlo. Hago consultoría porque creo que es mi forma de aportar a una política mejor. La función de los consultores debe ser interpretar la opinión pública y no manipularla. 

¿Y vos qué opinás?

Luis Monti
Gerencia y estrategia en

Politólogo, Abogado y comunicador nato, Hincha de Talleres, lateral rústico pero con proyección.

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Un comentario

lilian says:

septiembre 5, 2019 at 2:22 pm

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